EL PASEO DE JUNIO

Este mes de Junio seguiremos con el recorrido por el pasado industrial de la Barceloneta que empezamos el mes pasado. Nuestra última parada fue la Torre Marenostrum, en la Plaça del Gas. Avanzaremos hasta la Plaça de Pompeu Gener, donde se encontraba parte de la Maquinista Terrestre y Marítima, una de las industrias del metal más importantes del país a finales del siglo XIX.

Hasta mediados del siglo XIX, las actividades que se llevaban a cabo en la Barceloneta estaban relacionadas con el mar: pesca, construcción de naves, actividades portuarias, etc. En 1836, sin embargo, los talleres Nuevo Vulcano, de los que hablaremos después, iniciaron el proceso de asentamiento de las fundidoras y empresas metalúrgicas en el barrio de La Barceloneta. En el año 1846, el Ajuntament de Barcelona decidió prohibir la instalación de más industrias dentro del recinto amurallado, obligando a las nuevas industrias a edificar fuera de la ciudad. La Barceloneta se convirtió en una de las elecciones predilectas de los industriales para instalar nuevos talleres gracias, sobre todo, a su proximidad con el puerto. Los talleres Alexandre en 1845, la Maquinista Terrestre y Marítima en 1855 y los Talleres Escuder en 1872 fueron los siguientes. El más importante, incluso a nivel estatal, fue la Maquinista Terrestre y Marítima, que se dedicaba a la construcción de grandes estructuras metálicas (del Mercat del Born, entre otros) y de material ferroviario y para la navegación. Hacia 1965 sus talleres fueron desmantelados y sirvieron unos años como almacén de productos hasta que en 1978 el Ajuntament de Barcelona se quedó las instalaciones de la Maquinista para derribarlas y llevar a cabo la construcción de equipamientos escolares y 300 viviendas sociales. Estas viviendas fueron proyectadas por el estudio Bohigas, Mackay y Martorell. El único testimonio que quedó de los antiguos talleres de la fundidora son el arco de entrada, el puente grúa y la chimenea.

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Si nos acercamos a la calle Atlántida 59 encontraremos un edificio de viviendas tipo loft que fue la antigua subcentral eléctrica de la Barceloneta. El edificio fue proyectado por el ingeniero I. Zaragoza en el 1907 y está formado por dos cuerpos. En el que da a las calles Atlàntida y Vinarós, de una sola planta con gran altura, se encontraban las instalaciones técnicas para transformar la electricidad de corriente alterna a 6000 voltios que venía de la central eléctrica en la calle Mata (conocida como Les Tres Xemeneies) en corriente continua a baja tensión. El cuerpo de la esquina, que tiene una planta más, estaba ocupado por las oficinas y la vivienda del personal. Este edificio es un símbolo de la electrificación que supuso la Segunda Revolución Industrial en Barcelona.

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Aunque ha sufrido algunas modificaciones aún se pueden apreciar ciertos elementos decorativos tipo art-decó como las rejas del local de la esquina, las ventanas de planta baja y algunos detalles ornamentales en las fachadas. Como curiosidad, en la esquina se encuentra uno de los bares-bodega de tapas con más solera del barrio y, precisamente, se llama “Bar Electricitat“.

Seguimos nuestro recorrido andando hasta el Palau de Mar, antiguos Almacenes Generales de Comercio y actual Museu d’Història de Catalunya. Se proyectó en el año 1881 por el ingeniero Maurici Garrán como depósito comercial y está inspirado en los edificios portuarios ingleses de la época (docks).

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IMG_7687Garrán lo proyectó siguiendo un criterio muy funcional en su diseño en planta y distribución: a su parecer, unos almacenes portuarios debían ser fáciles y baratos de construir, fáciles de compartimentar y fáciles de vigilar. Una de las características más llamativas del edificio fue la incorporación de algunas novedades técnicas muy atractivas y aplaudidas en ese momento como los ascensores y las cintas transportadoras para mover las mercaderías. Otra de sus características principales fue su doble estructura: por un lado, la estructura interior de pórticos de acero laminado para garantizar un espacio diáfano. Por otro lado, la estructura exterior de obra de fábrica para proteger las mercaderías de la lluvia, el frío, el fuego y los hurtos.

Una estructura y unas instalaciones muy modernas que hicieron del edificio de los Almacenes Generales de Comercio un ejemplo de técnica constructiva muy innovadora pero que pronto se vio que no funcionaba bien como almacén comercial. Las razones fueron diversas: sus cuatro plantas dificultaban el movimiento de las mercaderías, su ubicación estaba demasiado lejos de la bocana del puerto y tenía un alto coste de mantenimiento. Así pues, los distintos cambios de usos, entre ellos el de Cuartel del Cuerpo de Carabineros, y la dictadura franquista sumieron a los Almacenes en una lenta decadencia hasta el año 1991, momento en el que la Junta del Port, dentro del marco de las actuaciones de mejora propiciadas por los Juegos Olímpicos de Barcelona, encargó unos trabajos de restauración previos a su recuperación total.

 

 

 

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En 1993 el Consell Executiu del Govern Català, presidido por Jordi Pujol, acordó la creación del Museu d’Història de Catalunya con el objetivo de conservar, exponer y difundir la historia de Catalunya como patrimonio colectivo y como elemento de identificación y cohesión de los catalanes con la historia del país. Aunque el proyecto suponía la recuperación de la cultura catalana después de la dictadura franquista, la apertura del nuevo museo fue acogida con ciertas reservas y suscitó un intenso debate político y social por el miedo a interpretaciones parciales de la historia. Para evitarlo se formó un equipo interdisciplinar formado por historiadores y pedagogos que establecieron el guión de la exposición permanente y la búsqueda de objetos y documentos.

 

 

 

En paralelo, se encargó el proyecto de remodelación y adecuación del antiguo edificio de los Almacenes Generales de Comercio a los arquitectos Josep Benedito i Rovira i Agustí Mateos i Duch que, entre otras actuaciones, crearon un gran espacio vacío en el centro del edificio para facilitar la circulación vertical y la entrada de luz natural con tres grandes claraboyas y edificaron una nueva planta para acceder a la azotea y disfrutar de las magníficas vistas al puerto.

 

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Para terminar, nos iremos paseando por Joan de Borbó hasta llegar a los Talleres Nuevo Vulcano (Passeig Joan de Borbó, 98).

IMG_7650Los talleres Nuevo Vulcano abrieron sus puertas en 1834, en la calle Alegría 57-59, primero como empresa de fundición de grandes piezas y más adelante también como constructora de máquinas de vapor. En 1852 inicia su actividad en el sector náutico, motivo que provocó el traslado de sus instalaciones al Moll Nou y la posterior construcción de un edificio nuevo en 1924. Bajo la dirección técnica del ingeniero industrial Juli Isamat Vila los servicios técnicos de la propia empresa diseñaron una nave alargada, de dos plantas, en hormigón armado. Desgraciadamente, las obras de una de las empresas más antiguas de Barcelona no pudieron acabar hasta 1950 debido a una serie de desafortunados acontecimientos como el incendio que en 1924 destruyó casi toda la fábrica o el bombardeo que sufrió en 1936, al inicio de la Guerra Civil, en el que murieron muchos trabajadores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A lo largo de la historia de la empresa realizaron, entre otras cosas, destacados trabajos de construcción naval para la marina de guerra española. De sus talleres de fundición salieron piezas emblemáticas como la verja de Gaudí del parque de la Ciutadella y las farolas de fundición que durante años iluminaron las calles de Barcelona. La empresa pasó a ser una industria de más de 700 operarios, colocando a Barcelona en el centro de las reparaciones navales del Mediterráneo, hasta la caída del tráfico marítimo mundial.

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IMG_7653En 1999, el Grupo Boluda adquirió la mayor parte de sus acciones y poco a poco fue desmantelando la empresa para trasladar y concentrar toda su actividad en Valencia. Las razones: reducción de costes, diques demasiado pequeños y la intención, por parte del Ajuntament y de las autoridades del Puerto de Barcelona, de ir transformando las instalaciones portuarias en zonas de reparación, no de grandes mercantes, sinó de yates de lujo y recreo. Y así, en 2010, desapareció el único astillero dedicado a este negocio en Catalunya. El edificio aún sigue en pie, hasta la fecha, siendo el último resto de una de las más importantes empresas mecano-metalúrgicas del país.

¡Que disfrutéis del paseo!

Sonia
Acerca de Sonia 75 Articles
Arquitecta. Fundadora de En Sección BCN.

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