EL PASEO DE MAYO

En el Paseo de este mes de Mayo haremos la primera parte del recorrido por el pasado industrial del barrio de la Barceloneta (en el Paseo de Junio recorreremos la segunda parte). Aunque no es de los barrios más antiguos de Barcelona (hasta el siglo XIV, en los terrenos donde ahora se asienta la Barceloneta sólo había agua) es un barrio con mucha historia que ha sufrido muchos cambios en relativamente pocos años. Entre los siglos XIV y XVII se fue ganando terreno al mar con la construcción del espigón y del primer puerto. Poco a poco se fue produciendo una lenta sedimentación de tierras y arena a su alrededor que se sumarían a la isla de Maians (situada aproximadamente en las instalaciones de la Estació de França).

La Guerra de Sucesión, con el reconocimiento de Felipe V como rey de España, y la derrota de Catalunya en 1714 provocó la abolición de las instituciones catalanas para imponer una nueva estructura política. También motivó un conjunto de reformas en el sistema defensivo de la ciudad de Barcelona que consistió, entre otros muchos, en la construcción de la fortaleza de La Ciutadella. Para eso, primero se derribó parte del barrio de La Ribera, dejando a un gran número de vecinos sin casa. En un real decreto del año 1715, se determinó que se recolocaría a los vecinos afectados en nuevas viviendas en la zona de la Barceloneta, pero nunca se llevó a cabo. Durante algunos años en esos terrenos se instalaron barracas de gente ligada al mar hasta que en 1749 se encargó el proyecto de un nuevo barrio ordenado y uniforme al ingeniero militar Juan Martín Cermeño. Una de las razones para construir el barrio de La Barceloneta fue por el gran aumento de población que tuvo la ciudad en poco más de 40 años, debido al buen momento económico que atravesaba la ciudad gracias al desarrollo de las manufacturas algodoneras y a la reactivación del comercio con América.

El barrio se dedicó sobre todo a las actividades marítimas y sus habitantes eran, mayoritariamente, personas dedicadas a estas actividades.

Durante el siglo XIX la Barceloneta sufrió algunos cambios debido al proceso de industrialización que experimentó Barcelona. Se instalaron importantes empresas metalúrgicas, de producción de gas y de construcciones navales (como, por ejemplo, la Maquinista Terrestre y Marítima, los Talleres Nuevo Vulcano, el Gasómetro, los Talleres Alexander,…) que marcaron el barrio y que aún hoy en día, de un modo u otro, forman parte de él.

Después de esta pequeña introducción, empezamos la primera parte de nuestro recorrido en el Parque de La Barceloneta (Passeig Marítim Barceloneta, 15-21).

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El parque ocupa todo el espacio de la antigua fábrica de la empresa Catalana de Gas, anteriormente conocida como la Sociedad Catalana para el Alumbrado de Gas. A mediados del siglo XIX no había luz artificial y caminar de noche por la ciudad se convertía en una temeridad debido a la oscuridad. A partir de la década de 1840 la situación cambió gracias a la instalación de la iluminación con gas, primero en las calles y posteriormente en los edificios. Cabe destacar el hecho de que el gas fue el primer servicio en red de la ciudad, antes incluso que el agua corriente (Barcelona fue una ciudad pionera ya que fue la primera del estado español donde se construyeron fábricas de gas). La iluminación de las calles y también de los interiores de los edificios supuso un gran cambio en las costumbres de la ciudadanía ya que de esta manera se podía trabajar y también realizar actividades de ocio por la noche.

La Sociedad Catalana para el Alumbrado de Gas fue constituida en 1843, iniciando su actividad en el barrio de La Barceloneta, donde instaló 8 hornos de carbón (el gas de alumbrado se obtenía a partir de la destilación del carbón) y 3 gasómetros que servían para la fabricación y distribución de gas manufacturado para toda la ciudad. A principios del siglo XX las instalaciones de la fábrica se fueron ampliando hasta llegar a los 38 hornos y también se construyeron una torre de aguas y un edificio de oficinas, además de otros edificios para la industria. En el año 1954, Catalana de Gas se quedó los terrenos de la antigua plaza de toros “El Torín” (la primera plaza de toros construida en Barcelona) para reconvertirlos en un campo de fútbol para sus trabajadores. Fueron grandes años para la empresa gasística, en los que fue instalando más fábricas y oficinas por toda la ciudad.

Con la comercialización del gas envasado empezó la debacle del gas manufacturado, provocando su desaparición total de la ciudad en 1966. En 1989, se derribó la fábrica, aunque se conservaron algunos elementos que aún perduran y que dotan de un interés especial el espacio en el que se encuentran.

En la actualidad, en el recinto de la antigua fábrica está situado el Parque de La Barceloneta, diseñado por los arquitectos Jordi Henrich y Olga Tarrassó e inaugurado en el año 1996. Es un espacio de líneas sinuosas abierto al mar, que hace de transición entre La Barceloneta y la Vila Olímpica y mide 3,2 hectáreas que comprenden, por una parte, el área de parque con diversas zonas vegetales con plantaciones de pinos, palmeras, bellasombras, etc; y por otra parte un área con zonas de juegos infantiles, de pícnic y petanca, un campo de fútbol y 3 colegios. Los arquitectos supieron aprovechar e integrar los elementos que se conservaban del pasado industrial, que se nos van revelando poco a poco a medida que vamos paseando por el parque.

Si entramos bordeando la calle del Gas aparece ante nosotros una preciosa torre (incluida en el Catálogo de Patrimonio Arquitectónico de Barcelona) construida en 1906 por el arquitecto Josep Domènech i Estapà, autor de edificios tan representativos como el Cosmocaixa.

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Era la llamada “Torre de les Aigües”, una torre modernista (aunque su creador no fuera un gran seguidor de esta corriente) de 45 metros de altura con base cuadrada, tronco octogonal, cuerpo cilíndrico y cubierta cónica, hecha con ladrillo visto y decorada con “trencadís” cerámico. Dentro había unos depósitos que controlaban y aumentaban la presión del agua. Como Domènech i Estapà no tenía suficientes conocimientos de ingeniería, le pidió a un amigo suyo catedrático de la Escola Industrial de Barcelona que diseñara la instalación. Al ver que no tenía tiempo suficiente para realizar la petición de su amigo, el catedrático le encomendó la misma tarea a su estudiante más brillante, que aceptó encantado y halagado. Pau, que así se llamaba el recién licenciado, dedicó dos años al proyecto de bombeo de forma meticulosa. Cuando llegó el día de la gran inauguración, la estación de bombeo no funcionó, hecho por el cual todas las iras se descargaron en el novel ingeniero. Según cuentan, desesperado por no encontrar el error y convencido como estaba de la rigurosidad y veracidad de sus cálculos, el joven se tiró desde lo alto de la Torre de les Aigües. Tiempo después se descubrió que el problema no fueron los cálculos, que eran perfectos, sinó que una de las válvulas instaladas tenía el sentido de la abertura al revés ya que era de origen anglosajón.

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Cerca de la Torre de les Aigües encontramos uno de los elementos más impactantes de la arquitectura industrial de la época: la gran estructura metálica de uno de los antiguos gasómetros, creado por el ingeniero Claudio Gil en 1868. De planta circular y con un estilo inspirado en la Inglaterra victoriana, sorprende su belleza y su buena integración en el parque, favoreciendo las conexiones visuales con su transparencia.

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Gran parte de su encanto reside también en la relación que se establece con el peatón/espectador, el hecho de poder situarse en su “interior”, de percibir su “todo” aunque sea totalmente abierto. Será por eso que es escenario de numerosos ensayos artísticos improvisados además de albergar una original pista de baloncesto en su interior.

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Cruzando el parque hacia el Passeig Salvat Papasseit topamos de frente con otro edificio de Josep Domènech i Estapà, construido en 1907 y que también forma parte del Catálogo de Patrimonio Arquitectónico Histórico-Artístico de Barcelona. Lo que fueron las oficinas de dirección de Catalana de Gas es ahora la Fàbrica del Sol, un centro para la educación medioambiental promovido por el Área de Ecología, Urbanismo y Mobilidad del Ajuntament de Barcelona, en colaboración con la asociación “Futur Sostenible”. Un edificio de dos plantas de clara estética modernista en la que se combina el paramento liso con el ladrillo visto, material muy utilizado por aquel entonces en la arquitectura industrial con el que se conseguían verdaderas virguerías ornamentales simplemente jugando con su colocación.

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En el año 1995 el Ajuntament de Barcelona adquirió el edificio y empezó unos cuidadosos trabajos de rehabilitación dirigidos por el arquitecto Antoni Solanas. Estos trabajos tuvieron en cuenta criterios de construcción sostenible: recuperar y reutilitzar todo lo que fuera posible, utilizar materiales reciclados, aprovechar el sistema de ventilación natural, integrar instalaciones de energia solar fotovoltaica, térmica y biomasa, incorporar un sistema de recogida, depuración y reutilización del aigua de lluvia, … Este edificio, por tanto, ha pasado de ser la Fàbrica del Gas a la Fàbrica del Sol, participando en el desarrollo y la evolución de la generación de energía con distintas fuentes energéticas.

En el edificio podemos ver distintas exposiciones y hacer talleres orientados a cuidar el medioambiente aunque en la actualidad y hasta septiembre de 2016 estará cerrado por obras.

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En el parque destaca también la gran rampa que recoge las gradas del campo de fútbol y que en su extremo se convierte en un gran mirador desde el que admirar las distintas perspectivas que nos ofrece el paisaje de la zona: la Estació de França, la Torre Marenostrum, el parque, el mar, el edificio del Parc de Recerca Biomèdica,… Subirse allí resulta un buen ejercicio de cambio del punto de vista en el que los espacios se entienden mejor.

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Por último, acabaremos el recorrido de este mes en uno de los terrenos adyacentes al parque de La Barceloneta, propiedad de Gas Natural. En un guiño al pasado, la empresa decidió apostar por sus orígenes para ubicar su nueva sede en parte de los terrenos en los que ya habían estado sus oficinas. En 2005, el estudio Miralles-Tagliabue erigió un impresionante edificio-escultura de vidrio, la Torre Marenostrum. Un edificio que son varios ya que se presenta fragmentado, con particiones, alturas y orientaciones diferentes: el edificio alto, de 88 metros, como los rascacielos de la Vila Olímpica; el edificio en voladizo, de menor altura para intentar relacionarse con la escala de las viviendas de La Barceloneta; el edificio bajo, que absorbe un volumen preexistente y permite las visuales por encima;…

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Visto en planta, la torre sigue la curvatura de la Estació de França y parece querer abrirse y facilitar el paso, cosa que hace realmente ya que en alzado el edificio genera una especie de gran puerta que relaciona los espacios de un lado y del otro, las modestas viviendas del barrio y el pasado industrial, y deja entrever la Torre de les Aigües. La relación se extiende también al espacio público diseñado por los arquitectos, que se une con el parque y esponja la densa trama urbana de La Barceloneta.

Lo que hace que se entienda como un único volumen es la homogeneidad de su fachada, cubierta por una piel de vidrio reflectante con milimétricas deformaciones y coloraciones diferentes que hace que se acentúe en mayor o menor medida el efecto especular. Un efecto espejo hipnótico y poético que se funde con las nubes y el cielo pero que no estuvo exento de polémica debido a su fuerte impacto visual, que rompía el skyline conocido hasta entonces y que alteraba por completo la percepción del lugar y el entorno.

Pasad por debajo del voladizo y juzgad vosotros mismos qué os parece. Y, sobre todo, ¡disfrutad del paseo!

 

 

 

Sonia
Acerca de Sonia 75 Articles
Arquitecta. Fundadora de En Sección BCN.

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