Paseo Especial 48h OHB-2016

Los días 22 y 23 de Octubre se celebró la 7a edición del Festival de Arquitectura 48h Open House Barcelona en el que Badalona se unía, como ciudad invitada, a Barcelona, Sant Joan Despí, Santa Coloma de Gramenet y Vilassar de Dalt en la fiesta de las puertas abiertas. Como siempre, las largas colas y los tiempos de espera fueron la nota negativa en un festival que cada año arrastra a más gente fuera de sus casas para curiosear y ver la ciudad con ojos de turista. Ni siquiera la lluvia consiguió deslucir el éxito de esta edición, que contaba con secciones nuevas como OpenSocial, Itinerarios, etc.

Y, como no podía ser de otra manera, desde EnSecciónBCN nos pusimos en marcha para aprovechar al máximo las actividades del festival y traeros un Paseo Especial 48h OHB.

Empezamos por las Torres Venecianas, las 2 torres de estilo “noucentista” que marcan el inicio de la Avinguda Maria Cristina desde la Plaça Espanya. Desde que hicimos el Paseo de Enero dedicado a la Exposición Internacional de 1929 en el que ya os hablamos de ellas nos quedamos con las ganas de visitarlas por dentro. Así que cuando llegó el Open House ni nos lo pensamos. Como ya os explicamos, las torres fueron diseñadas por el arquitecto Ramon Reventós con una función puramente ornamental (centraban el eje que va de la fuente de Plaça Espanya hasta la cúpula del Palau Nacional, actualmente MNAC) y para marcar la entrada al recinto de la Exposición.

Igual que pasó con los pabellones, las torres fueron pensadas para ser derribadas al finalizar la Exposición Internacional, de ahí los materiales poco nobles empleados en su construcción. Pero una vez concluida la Exposición, se tomó la decisión de dejar algunos de los pabellones y también las dos torres. En esa época aún podían visitarse por dentro para admirar las vistas desde el mirador pero posteriormente se cerraron al público.

Registradas y protegidas como estructura de interés local dentro del Patrimonio Arquitectónico de Barcelona por orden del Ajuntament de Barcelona y consagradas como hito y punto de encuentro para todo aquel que reside en Barcelona o la visita en algún momento, las torres fueron degradándose poco a poco hasta el punto de tener que poner redes en su parte superior para evitar la caída de fragmentos de piedra. No fue hasta el año 2013 que el Ajuntament de Barcelona se decidió de una vez a rehabilitarlas, en una intervención consistente en restaurar y limpiar ornamentos externos e internos, desmontar instalaciones obsoletas, reparar agujeros y grietas de los forjados y eliminar lesiones en los elementos de piedra artificial, madera y escaleras de “volta catalana”. Así, después de esta necesaria actuación, las torres volvieron a lucir en todo su esplendor y en 2014 abrieron de nuevo su interior al público en el marco de la 5ª edición del Open House.

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Una entrada estrecha, oscura y angosta nada hacía presagiar el prometedor espacio que nos esperaba en el interior de la torre que visitamos: un altísimo prisma rectangular vacío, que alberga una escalera de volta catalana con 200 escalones, anclada en fachada, que sube en espiral hasta la parte superior, una cubierta coronada por una pirámide de cobre soportada por 28 columnas. Unos estrechísimos y alargados agujeros en fachada dotan al interior de la claridad suficiente para ver con detalle los casi 50 metros de altura que hay desde la base hasta la cubierta. En la parte de arriba, unos cajones de madera facilitan unas estupendas vistas en 360º a la ciudad. Una visita totalmente recomendada, no apta para aquellos que sufran de vértigo.

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Nuestra segunda parada, aprovechando la poca cola que había, fue la sede de Barcelona del Museu d’Arqueologia de Catalunya (Passeig de Santa Madrona, 39 – 41). El edificio, de 4.000 m², se construyó para ser el Palacio de las Artes Gráficas (dedicado especialmente a la impresión de libros) de la Exposición Internacional de 1929 y, como en el caso de las torres, iba a ser algo efímero. El Pabellón fue obra de los arquitectos Pelai Martínez y Raimon Duran i Reynals siguiendo el estilo “noucentista” imperante en la época con claras influencias del Renacimiento italiano (sobre todo de Brunelleschi) del que Duran se empapó en su viaje a Florencia en 1920. Con un acceso con escalinata y dos rampas laterales, destaca la simetría de su fachada formada por galerías porticadas con arcos de medio punto, templetes laterales entre pilastras, gran puerta de acceso central también con arco de medio punto, frontón triangular y un tambor central sobre el que se eleva una cúpula hexagonal.

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A partir de 1932, la Generalitat de la II República fundó el Museu d’Arqueologia de Catalunya en el Pabellón de las Artes Gráficas, acondicionando su interior a los nuevos requerimientos expositivos. Algunas de las salas se adaptaron para crear la tranquila biblioteca, que se ha conservado tal como era y sigue en funcionamiento en la actualidad.

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Entre 2003 y 2006 se encargaron algunos proyectos de reforma para, entre otras cosas, conseguir llevar luz natural a más espacios de exposición. De este modo, se hicieron varios lucernarios en las cubiertas y se construyeron cúpulas de estructura de madera y vidrios translúcidos en el techo de algunas salas.

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Un elemento curioso del museo es que el pavimento de algunas de las salas son mosaicos originales hechos con teselas de mármol encontrados en villas romanas de Catalunya. La dirección del museo tomó esta decisión para que los mosaicos tuvieran la función para la que habían sido creados y para que los visitantes tuvieran la oportunidad de pasear por encima de ellos.

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Seguimos nuestro paseo en el barrio de Sants-Montjuïch para admirar la actual sede del distrito, antigua tenencia de alcaldía de Hostafrancs, situada en la c. Desde el siglo X el pueblo de Sants fue creciendo alrededor de la iglesia románica de Santa Maria de Sants, de manera independiente de Barcelona. La zona donde actualmente hay la Plaça Espanya marcaba el límite entre las dos poblaciones. Desde la Edad Media, este punto fue un importante cruce de caminos, marcado por la colocación de una cruz de término que estaba cubierta con un templete (de ahí el nombre de “Creu Coberta”), además de ser el emplazamiento de la cuarta forca de Barcelona, lugar donde se ajusticiaba a los delincuentes y donde se les dejaba pudrir como aviso a la gente que entraba y salía de la ciudad. También fue un lugar de acampada para los viajeros que no conseguían llegar antes de que la ciudad de Barcelona cerrase sus puertas.

En época de epidemias, los alrededores de la Creu Coberta se convirtieron en el refugio de muchos habitantes de Barcelona que huían de la ciudad enmurallada. La zona se fue expandiendo y se construyó un hostal que daría nombre a la barriada: Hostafrancs. En el año 1839 la Diputació Provincial, ante la necesidad de crecer más allá de las murallas por razones higiénicas y también especulativas, decidió desvincular el sector de Hostafrancs del municipio de Santa Maria de Sants para anexionarlo a Barcelona. El resto del municipio no se anexionó hasta 1897.

Uno de los problemas con los que se encontraron los vecinos de Hostafrancs fue tener que ir a hacer todos los trámites al centro. En esa época, llegar hasta allí suponía perder dos días de trabajo, así que propusieron ceder una habitación del hostal para que el Teniente de Alcalde del Ajuntament de Barcelona pudiera desplazarse un par de días a la semana. Posteriormente, el Ajuntament alquiló un inmueble para estas tareas que acabó comprando. En 1885 se hizo evidente que era necesario reformarlo y adecuarlo a su uso. El arquitecto Jaume Gustà i Bondia se encargó de adaptarlo estructuralmente pero fue Ubald Iranzo i Eiras quien le dió la imagen que tiene actualmente, con un estilo ecléctico, en el que destaca la torre del reloj, el escudo de Barcelona y la fachada de piedra de Montjuïch ricamente ornamentada con elementos vegetales, animales y personas, de clara influencia modernista.

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Las arcadas de planta baja, con las rejas de hierro forjado llenos de detalles, le dan solemnidad a la entrada. En su interior, la combinación entre los arcos y pilares de piedra profusamente ornamentados, las bigas de acero y las paredes y los techos estucados y esgrafiados dan paso a la magnífica escalera noble que sube a la planta primera y da acceso al salón de plenos. La barandilla de la escalera, de piedra, también está decorada y tiene un trabajado pilar de forja con una lámpara en su arranque. Este espacio está iluminado por un lucernario con unos preciosos vitrales soportados por unos dragones de forja.

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En el Saló de Plens destaca su doble altura (después de pasar debajo del altillo con balcones que da a la sala) con los impactantes chandeliers de forja que cuelgan del techo. Este doble espacio permite contemplar el esplendor de los vitrales de estilo noucentista realizados en 1915 por Francesc Labarta i Planas. En ellos podemos ver representadas en gran tamaño las figuras de la Industria, el Comercio y la Agricultura, motores económicos del barrio en aquella época, y la figura de una mujer que representa la ciudad de Barcelona entre los ríos Besós y Llobregat. ¡Vale la pena ir a verlo!

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Saltamos de barrio, al Eixample, y también de época, ya que nuestra siguiente parada fue la Escola dels Encants, edificio de novísima creación al lado de la Plaça de les Glòries (C/Consell de Cent, 558-560). Tuvimos la suerte de ser de los primeros en entrar y de poder disfrutar de la visita guiada que ofreció Roger Méndez, su arquitecto. Edificar en un entorno urbano que lleva tanto tiempo en obras y transformación como la Plaça de les Glòries y sus alrededores no es tarea fácil. Y aún lo es menos si, además, el programa funcional del edificio es para una escuela con un proyecto pedagógico piloto de nivel avanzado dentro de la red pública de enseñanza de Barcelona. Con todos estos condicionantes de partida y una parcela relativamente pequeña, el arquitecto optó por edificar la escuela en altura (5 plantas) dejando un gran espacio libre en planta baja para el patio al que se accede tanto desde la escuela como desde la calle. El gesto de retrasarse y no ocupar la esquina favorece la permeabilidad del patio para el barrio y los vecinos, remarcando su carácter público, así como la fluidez en los recorridos de gente en las entradas y salidas de los alumnos.

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El volumen edificado responde a la escala del lugar y juega con los vacíos, creando en cada planta espacios para que los alumnos siempre tengan relación con el exterior, ya que este era uno de los requisitos fundamentales del programa de la escuela. De esta manera, la planta baja cuenta con el gran patio, en la planta primera aparece un espacioso balcón que hace de porche para la planta baja, en las plantas segunda y tercera las aulas tienen salida a una galería y la planta cuarta, que alberga el gimnasio y auditorio, tiene una gran zona descubierta dedicada parcialmente al huerto.

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En este proyecto tan singular y novedoso, los interiores están concebidos para favorecer la movilidad de los alumnos por todo el espacio, ya sean las aulas, el gran pasillo central que separa una franja de aulas de la otra, las terrazas,… Todo es diáfano y está conectado física y visualmente con grandes puertas que casi siempre permanecen abiertas y  con grandes ventanales que bañan de luz hasta el último rincón.

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La fachada, sobria y oscura, acierta al desdibujar el número de plantas, escondiéndolas tras una chapa metálica perforada que tamiza la luz, impidiendo únicamente las visuales desde el exterior.

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Además de su buen funcionamiento y de sus espacios tan agradables, uno de los grandes logros de este edificio ha sido conseguir que tenga una calificación energética muy eficiente. 254 placas solares instaladas en cubierta, zonificación climática separando el ala sureste de la noroeste, ventilación natural cruzada, vidrios con tratamiento de baja emisión y filtros solares, entre otros, han hecho posible que la Escola dels Encants tenga un balance energético cero.

Terminamos este paseo especial 48h Open House Barcelona en la nueva Sala Beckett del Poblenou acompañados por Ricardo Flores, de Flores i Prats Arquitectes, que nos deleitó con una extensa visita guiada al edificio que acaban de rehabilitar.

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La Beckett no es solo un teatro, es también un espacio de creación y de formación donde se promueve la dramaturgia contemporánea y se da difusión a los autores catalanes desde su creación en 1989. Es, por tanto, un espacio cambiante, en constante crecimiento y movimiento, donde autores, actores, profesores, espectadores y administrativos se relacionan entre sí a todas horas. En 2011 la Fundació Sala Beckett/Obrador Internacional de Dramatúrgia decidió dejar su antigua sede en el barrio de Gràcia debido, entre otras razones, a la gran subida del alquiler y a la imposibilidad de ganar superficie, y trasladarse al Poblenou.

El estudio Flores i Prats Arquitectes ganó el concurso de rehabilitación del edificio de la antigua Cooperativa Pau i Justícia, un lugar con un pasado muy arraigado en el barrio pero que llevaba años totalmente abandonado, deteriorado y con graves problemas estructurales. La Cooperativa se fundó a finales del siglo XIX y promovió multitud de iniciativas sociales y culturales, fue cooperativa de consumo,… En los años 80 cerró y, a pesar de que la Associació de Veïns i Veïnes del Poblenou denunció en repetidas ocasiones su mal estado, el Ajuntament de Barcelona (propietario del edificio desde el año 2007) no hizo nada para impedir su degradación hasta que se llegó a un acuerdo con la Fundació Sala Beckett.

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Los arquitectos se encontraron, pues, con un edificio superviviente, testigo de muchas luchas, que formaba parte imprescindible del patrimonio histórico del barrio. Las estrategias a seguir fueron muy claras: dejar a la vista las trazas de aquello que alguna vez fue, de la memoria, de los materiales; recuperar absolutamente todo lo que fuera posible (puertas, pavimentos, cristaleras, etc) en un trabajo de catalogación exhaustivo para recolocarlo posteriormente donde fuera conveniente; fomentar las relaciones verticales (entradas nuevas de luz, visuales entre la zona formativa y el hall, etc.) y las horizontales (generar varias entradas para los distintos flujos de gente: espectadores, actores, alumnos, etc.) y crear un espacio de bar integrador que invitara a los vecinos a entrar, que fuera un nexo con el barrio, un punto neurálgico.

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La decisión de dejar los espacios como si estuvieran inacabados, sin pulir, puede resultar algo desconcertante al principio pero es totalmente deliberada. La idea era transformar el edificio para que lo viejo y lo nuevo convivieran al mismo tiempo, actualizarlo pero dejando las señales de quien lo ocupó previamente, su carácter y su emoción. Resaltar la pátina que había dejado el tiempo para convertir el espacio en algo doméstico, cercano y cómodo.

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Una mezcla entre fresco y decadente que refleja el alma experimental y creativa de la Sala Beckett.

¡Esperamos que hayáis disfrutado del paseo!

 

Sonia
Acerca de Sonia 75 Articles
Arquitecta. Fundadora de En Sección BCN.

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