TOUR «El estado turístico»

¿Qué puede haber mejor para reflexionar sobre el estado turístico de una ciudad que hacer un intenso tour de un día entero por todos aquellos lugares que han acabado desplazando y rechazando a sus vecinos en favor de los turistas? ¿Y no sólo eso, sino además hacerlo montados en buses de TMB, acompañados de un Bus Turístic especial, reconvertido para la ocasión en una exposición itinerante en la que mostrar la complejidad del debate del turismo en Barcelona? Eso es lo que debieron pensar los del FAD, capitaneados por el doctor arquitecto, músico y profesor Ramon Faura Coll, comisario del FadFest’17, cuyo eje temático de este año versaba precisamente sobre eso, “El estado turístico”.

Bus turístico FAD FEST'17

El sábado 1 de Julio, un nutrido grupo de ciudadanos de Barcelona nos pusimos en marcha para oír 7 relatos alternativos de nuestra ciudad, diferentes a los de la Barcelona ideal que nos venden, contados por 7 guías de excepción entre los que se encontraban antropólogos y arquitectos. No fue un simple paseo, fuimos a intentar hacernos un hueco, a ocupar los espacios, a ganar nuestro sitio entre la multitud de turistas que cada día hacen suyo un pedacito más de nuestra ciudad. Pero no, en esta ruta no se iba a culpar a los turistas, eso hubiera sido el recurso fácil. La colocación de unas simples sillas en cada lugar, creando un auditorio efímero y espontáneo, brindaba la oportunidad de sumarse a las charlas a todo aquel que estuviera interesado en ir más allá de los estereotipos sobre la ciudad.

Empezamos el tour por el Park Güell donde Gerard Horta, antropólogo social, nos hizo abrir los ojos a la realidad en una ponencia muy crítica e intensa. Horta comenzó reivindicando el espacio como un proceso social, como algo político, algo de lo que las personas nos apropiamos como queremos y como podemos. De ahí surgen los espacios autogestionados que, según su opinión, siempre han funcionado bien y han establecido unos usos apropiados para los peatones. Sin embargo, las instituciones se han empeñado siempre en ordenar estos espacios, en prohibir usos, en obligar otros. A veces, también los arquitectos hemos proyectado espacios que obligan a ser usados de una  determinada manera o que incluso se imponen y mandan sobre el entorno provocando, en muchos casos, gentrificación, aumento de precios de las viviendas, cambio de comercios y substitución de habitantes de «segunda» por habitantes de «primera».

Tour en el Parc Güell

Horta se preguntaba con mucho pesar dónde están los vecinos del Park Güell. En el parque seguro que no. En 1972 era un parque público para el disfrute de la gente que vivía alrededor, un barrio obrero. Pero hace ya tiempo que el parque, igual que la ciudad, se nos ha escurrido de las manos.

En la segunda parada, Juan José Lahuerta, director de la Cátedra Gaudí y profesor de Historia del Arte de la ETSAB, nos llevó a descubrir las verdaderas razones de la construcción de la Sagrada Familia. Durante los convulsos años que siguieron a la Revolución de 1868 en España, en la que se destronó a la entonces reina Isabel II de Borbón, los movimientos obreros ganaron fuerza y visibilidad. Entre eso y las epidemias de cólera y viruela que azotaron el país, muchos burgueses de Barcelona huyeron a Montserrat buscando refugio. En el año 1871, la Associació Espiritual de Devots de Sant Josep visitaron al Papa en el Vaticano, en un intento de buscar alguna solución delante de lo que ellos veían como el fin del mundo. Su idea era levantar un Templo Expiatorio en Barcelona para expiar los pecados de la gente obrera y obtener su redención. No fue la única ciudad donde ocurrió algo parecido; el Sacré-Coeur de París también fue concebido por razones similares en la misma época.

Juan José Lahuerta en la Sagrada Familia

La Associació consiguió comprar una parcela, bastante alejada del centro, y le encargó el proyecto al arquitecto Francisco de Paula del Villar, con el que acabó teniendo desavenencias por lo que, finalmente, optó por un joven y devoto arquitecto con ideas visionarias: Antoni Gaudí.

Al principio, no se le dió ninguna importancia a la creación del templo a nivel social: cuando se inauguraron las primeras capillas tuvo una repercusión nula pero poco a poco el interés fue creciendo a la vez que la basílica se iba erigiendo. Como en todas las grandes obras, tuvo sus defensores y sus detractores. Entre los primeros se encontraba el poeta Joan Maragall que, en varios de sus artículos para el Diario de Barcelona, ensalzó la creación de la Sagrada Familia, su forma y su significado. En cambio, para Eugeni d’Ors y la prensa satírica del momento (que era republicana y laica), la basílica era una monstruosidad y un elemento más de la opresión que la burguesía catalana ejercía sobre el pueblo. Sin embargo, esta batalla dialéctica no hizo más que acrecentar el interés por ella.

A Gaudí nadie se lo tomaba muy en serio, lo veían como una distracción, como un arquitecto de feria. Pero precisamente por eso fue tan popular desde el principio. Su obra, tan diferente y “kitsch” y él mismo, al que los demás veían como un personaje bohemio, un artista alejado del mundo, fue muy fácil de vender. Es por eso también que, desde que se inventaron las postales, la obra de Gaudí aparece en ellas.

La Sagrada Familia se construyó contra Barcelona, contra su pueblo. Y, para Lahuerta, ahora mismo sigue estando en su contra porque no sólo no genera beneficios para la ciudad sino que además, si se sigue con el proyecto inicial, muchas familias estarán obligadas a abandonar sus casas para poder derribarlas y construir una gran plaza delante de la basílica.

En el Passeig de Gràcia, la tercera parada de la ruta, nos esperaba Saida Palou, antropóloga especializada en turismo, para contarnos que el Passeig de Gràcia se creó como un lugar de poder y de ego. De ser un espacio de traslado de personas y mercancías en el Siglo XVIII pasó a ser un espacio de disfrute, de consumo, un escaparate para la clase burguesa, en el XIX. Hubo un cambio de modelo de ciudad a finales del S. XIX, ya que se quiso seguir lo que se estaba haciendo en otras ciudades europeas: ya no se valoraba a Barcelona sólo como ciudad industrial por lo que producía sino también por cómo lo consumía. Las élites de la ciudad creían que la llegada de turismo daría prestigio a la ciudad y se recuperaría la economía y para eso emplearon una carga discursiva potentísima para convencer a los ciudadanos de que fueran unos buenos anfitriones. Se creó la Sociedad de Atracción de Forasteros y se trabajó para captarlos con planos, fotos, postales, etc. Muchos intelectuales se rieron de su idea porque no entendían cómo podrían vender la imagen de una BCN elegante y ordenada, tan alejada de la real y convulsa. La estrategia de los empresarios fue emitir una imagen idílica para que los turistas vinieran y convirtieran la ciudad en lo que habían imaginado. Aunque no se generó el “boom” que ellos habían esperado, esa época fue importantísima para entender la visión del turismo en nuestra época.

Saida Palou en el Passeig de Gràcia

En estos momentos, las experiencias turísticas están cambiando y ya no se basan sólo en reconocer una imagen que se ha visto en una foto. También se buscan sitios no tan especiales, más ordinarios, de la vida cotidiana para no sentirse tan turistas y alejarse de la imagen idílica. Según la opinión de Palou, esta es una paradoja muy interesante que habría que empezar a gestionar.

Después de una merecida parada de avituallamiento en la Caseta del Migdia de Montjuïch, quedamos con el diseñador Javier Mariscal en la Anella Olímpica donde nos contó sus recuerdos y experiencias durante los años que rodearon a los Juegos Olímpicos. A mediados de los ‘80, el Ayuntamiento quiso lavar la cara a la ciudad pero, como no tenía suficientes recursos económicos, optó por presentar la candidatura de Barcelona. Con la excusa de los JJOO consiguieron llevar a cabo su plan de modernización de la ciudad con ayuda del capital del Gobierno y también de empresas privadas. La parte deportiva era lo que menos importaba, ya que unos Juegos Olímpicos lo que son en realidad es un gran anuncio a nivel internacional y eso dió a conocer la ciudad fuera de nuestras fronteras. Para Mariscal, Barcelona enganchó porque, a pesar de sus carencias, era una ciudad muy humana, tenía detalles de diseño como las rampas en los pasos de cebra o muchos espacios peatonales que la convertían en una ciudad pensada para la gente que la recorría andando.

Javier Mariscal en MontjuïchMariscal acabó su charla con un ruego: que en el futuro de Barcelona haya menos coches y más espacios para los viandantes para llegar a ser una ciudad de cero emisiones.

La siguiente parada nos llevó delante del Pabellón Alemán, en la falda de la montaña de Montjuïch, con el arquitecto y profesor Francesc Pla. Pla nos hizo volver a amar la montaña recordándonos lo mucho que le debemos como ciudad (nos ha protegido, nos ha dado materia prima para nuestros edificios,…) a pesar de tener en ella el Poble Espanyol o Iberiona, tal como iba a llamarse inicialmente. El recinto del Poble Espanyol es una especie de pintoresca escenografía que recrea con más o menos gracia ciertos edificios de la arquitectura española. Hecho expresamente para la Exposición Universal del año 1929, no se concibió para ser efímero como los otros edificios de la Exposición; su vocación fue la de perdurar en el tiempo, en la montaña y en la retina de sus visitantes. Sin embargo, los barceloneses mostraron poco interés en el falso poblado y menos aún en tener que pagar para entrar. Pero para Pla no todo en la Exposición Universal estuvo mal ya que nos hizo fijar la mirada en un edificio que él considera que ha sido algo vilipendiado por la historia pero que requiere que le prestemos más atención, sobre todo por lo sublime que es su interior: el Palacio de Victoria Eugenia, proyectado por Puig i Cadafalch.

Las últimas dos charlas del tour fueron una gran defensa del barrio para sus vecinos.

En la Barceloneta, Andrés Antebi, antropólogo e investigador social, nos hizo reflexionar sobre las estrategias utilizadas por el poder para enmascarar acciones para su beneficio como si fueran en interés de los ciudadanos. En la época de los Juegos Olímpicos se promocionó que Barcelona tenía litoral y que se quería devolver el mar al barrio de la Barceloneta pero en realidad ellos ya estaban de cara al mar. ¿Cuál fue la verdadera motivación de abrir Barcelona al mar? ¿Se abrió para la gente de la ciudad o para los turistas? Ese gran cambio, donde el barrio pasó de estar desplazado a generar mucho interés se hizo demasiado rápido, sin una preparación para lo que les vendría. En poco tiempo, lo que habían sido calles donde pasear tranquilamente se llenó de coches, bares, turistas y, sobre todo, vecinos descontentos. La Barceloneta fue el primer barrio de Barcelona que protestó activamente sobre el turismo incontrolado. Por suerte, no ha sido el único.

La última parada de nuestro recorrido fué la plaza de la Catedral donde, entre atónitos turistas, el arquitecto y miembro del “Col·lectiu Accions UrbanesDaniele Porretta reivindicó que en el Barrio Gótico también vive gente. Para Porretta, el Barrio Gótico es la Zona Cero donde empezó el turismo en Barcelona. Este barrio, igual que el Poble Espanyol, es una reconstrucción, un parque temático que se medievalizó para que pareciese Gótico cuando en realidad es Neogótico. Para realizar esta escenografía se hicieron algunas intervenciones urbanísticas que destruyeron viviendas y espacios, desplazando a sus vecinos, haciendo del barrio un centro comercial donde hay más oferta de alojamiento turístico que habitantes. Si todavía quedan vecinos en el Barrio Gótico ha sido gracias al movimiento vecinal, al debate urbano que ha generado que la gente no haya aceptado esta situación como algo natural, como un efecto colateral de vivir en un centro histórico.

Catedral de BarcelonaPara Porretta, no hay que culpar de todo ello a los turistas; al fin y al cabo, ser turista de masas tampoco es fácil: viajas en temporada alta, sufres la masificación, no eres bienvenido,… Los problemas de acceso a la vivienda ya eran preexistentes, pero es cierto que los turistas han traído otros problemas que no se han sabido gestionar.

Como apuntes finales, Porretta nos recomendó una lectura que le enganchó muchísimo y le hizo pensar en el futuro del barrio: “Barcelona minority world”, de Albert Franquesa, y nos espoleó con una frase tomada de John Sinclair al inicio de un concierto de Motor City 5 en 1968: “Ha llegado el momento de decidir si queréis ser parte del problema o ser la solución”.

Como colofón a las interesantes ideas y reflexiones de todo el día, la ruta acabó en la Plaça Reial reconvertida en una playa urbana ocupada por grandes toallas donde los participantes nos relajamos y disfrutamos de un espectáculo audiovisual creado por el equipo de “Soy cámara” del CCCB con música de Jaume Pla (Mazoni), Florenci Salesas y Román Daniel. Una manera perfecta de recuperar y vivir un espacio que casi nos han obligado a olvidar.

"Soy Cámara" en la Plaça Reial

Sonia
Acerca de Sonia 75 Articles
Arquitecta. Fundadora de En Sección BCN.

Be the first to comment

Leave a Reply

Close It
UA-71639970-1